Manuel Sánchez Alfonso

Escritor

Amarilis

Entonces comenzó a llover y vi que yo era agua, gota de lluvia y la primera lágrima hormigueando de aquel llanto.
Después fui arroyo, torrente, rivera y afluente. Para cuando quise darme cuenta, tal vez demasiado tarde para comprenderlo, ya era río, estuario de agua dulce y delta de sal.
Luego era mar, olas meciéndose, tempestad, océano y fondo abisal.
Cuando desperté era luz solar, luna llena y vapor de agua.
Entonces fui nubes, borrasca, cirros, nimbos, cúmulos evolucionando hacia no se sabe donde, quizás hacia la fugacidad del tiempo.
Acto seguido fui rayo vareando el cielo, trueno, tormenta y granizo cayendo… en seguida todo se calmó, palpe mi pecho y vi que era bello ser marisma.
Y en la marisma pacían las garzas, y fui el eco de sus cantos y volé, bati las alas en silencio y fui viento.
Y el viento se detuvo, seguidamente fui llovizna y de súbito arcoiris atravesando un mar de olivos.
Y fui yunta de mulas labrando, y fui guadaña segando, sudor, fatiga y hoz.
Y fui la herida de la mano, calor, fanega, celemín, rastrojo y después la sombra en el secano.
Y con el paso de los años fui el venero de la nieve que se filtra y después, manantial de agua brotando en el barranco; me sentía renacuajo allí nadando y probablemente en algún momento también fui trebol de cuatro hojas. Para entonces, ya era esperanza, fe, amor y suerte.
Pasaron las estaciones; primero fui frio, luego semilla volando, después, canícula y palomo en el tejado y llegado el otoño, fruto del castaño y manto crujiente.
Y al hacerse la noche, fui crepúsculo de barro y Sirio en el horizonte.
Y vi que la vida era cambio, que el principio era el final, que todo era nada, que lo blanco era negro y la valentía, miedo.
De la más absoluta soledad se desprendió un bello amarilis, y fui su color rosado y su olor… de nuevo comenzó a llover y vi que yo era agua, gota de lluvia y la primera lágrima hormigueando de aquel llanto.
Al alba, contemplé tu desnudez y te amé, y fui abejorro zumbando sobre la flor del agapanthus y fui bocanada de tu aliento…¡y todo era tan mágico!

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